Danza, música y salud

Mujer realizando ejercicio

Mujer realizando

La salida y la puesta del sol, las estaciones del año, el ritmo secreto de las plantas, el canto alterno de los grillos… muchos son los elementos que desde el principio de las eras presentan repeticiones, variaciones y combinaciones que, en conjunto, hacen la música de la vida.
El ser humano no ha sido ajeno a esta música; al contrario: desde fechas inmemoriales la percusión, los latidos del corazón y el propio oído produjeron la magia del movimiento domesticado: la danza. Si nació con fines rituales o de celebración entre nuestros más remotos antepasados, la danza evolucionó para convertirse en una forma de expresión colectiva e individual, en motivo de goce y, finalmente, en espectáculo. Dado su profundo arraigo en los ritmos más elementales del cuerpo, se ha encontrado también que la danza puede desempeñar un importante papel como instrumento principal o auxiliar en aproximaciones terapéuticas, de carácter preventivo o curativo, para distintos tipos de enfermedades.

El sano desarrollo
¿Quién no se ha sentido feliz al ver que un pequeño que aún no camina sigue con los movimientos de su cabeza o con parciales “sentones” el ritmo de una música que escucha casualmente? Hay que aprovechar el llamado que los ritmos musicales le hacen al cuerpo para que los niños se relacionen con las partes que los componen y obtengan dominio de sus bracitos, sus piernas y el movimiento. De modo que la danza puede ser un valioso instrumento de estimulación temprana que favorezca el buen desarrollo de la propiocepción (percepción del propio cuerpo). Con el tiempo, dominar adecuadamente la percepción del cuerpo en el espacio permitirá un buen desenvolvimiento de la motricidad, para lograr un acceso fácil a la lectoescritura y un mejor desempeño futuro, tanto en las actividades motoras gruesas como en las finas: correr, nadar, saltar, realizar deportes, coser, recortar; incluso utilizar herramientas de precisión.

Busque música con ritmos claramente marcados y acune al bebé a ese ritmo; más tarde, cuando ya se tenga en pie, enséñelo a bailar llevando sus pasos al son de la música.
La música sinfónica o la música electrónica calmada, de melodías suaves y sin sobresaltos, ayudará a tranquilizar a los pequeños inquietos y a prepararlos para la hora de dormir: el sueño también es fundamental para el desarrollo infantil.

El físico
Aunque es bien sabido que es necesario moverse para mantener en buenas condiciones el cuerpo, tanto en su sistema músculo esquelético como en cuanto al correcto funcionamiento digestivo, respiratorio y en lo que se refiere al consumo energético de las calorías que obtenemos al comer y beber, lo más común es que si nuestro trabajo no exige un esfuerzo físico, nos pasemos la mayor parte del tiempo en actividades sedentarias: ante el escritorio, ante la mesa, ante el televisor… Resulta “cuesta arriba” pensar en levantarse para “hacer ”.
Sin embargo, no es casual que muchas de las actividades físicas que se ponen de moda por temporadas vayan acompañadas de música: los aerobics, el spinning y la gimnasia rítmica son claros ejemplos de que la música hace que la actividad corporal nos parezca menos pesada y más entretenida.

Aproveche las cualidades de la música y los ritmos de su propio cuerpo: baile y diviértase. No es necesario ser un gran bailarín para poner el cuerpo en movimiento, y si usted es de los que cree que baila mal y hará el ridículo, puede hacerlo a solas y en casa, o mejor aún, tomar clases que, además de ayudarle en el aspecto físico, mejorarán su autoestima y su capacidad de relacionarse.

Para que la actividad física sea efectiva, recuerde calentar sus músculos, con ligeros estiramientos y doblando las articulaciones de cuello, brazos, espalda y piernas. Unos 20 o 30 minutos de baile como salsa o rock le brindarán energía, le permitirán eliminar las presiones que se acumulan bajo la forma de músculos tensos, oxigenarán sus pulmones y su cerebro y quemarán de 150 a 200 calorías, para ayudarlo a prevenir o combatir el sobrepeso o la temible obesidad. Concluya la sesión moviéndose con la cadencia de música más calmada. Descanse. Si el ánimo es bueno, puede prolongar su sesión de baile y divertirse muchísimo. Si practica el baile —el que le guste: cumbia, tango, rock y hasta vals— se sentirá cada vez más a gusto con su propio cuerpo, lo cual le brindará mayor seguridad y la posibilidad de tener más motivos para relacionarse con su familia, amigos y otras personas.

La danza movimiento terapia
En Estados Unidos se ha sistematizado el uso de la danza como técnica terapéutica desde hace décadas; inclusive se enseña en escuelas superiores y se ha llamado dance movement therapy, lo que se traduciría como “terapia del movimiento en la danza”. Con variantes, también es aceptada y utilizada en muchos otros
países. Su fundamento es que “el movimiento corporal refleja los estados emocionales, por lo que un cambio en la conducta de los movimientos puede conducir a cambios psíquicos, promoviendo salud y crecimiento”, según ha escrito la terapeuta Maralia Reca.

Como la musicoterapia, el uso terapéutico de la danza se ha desarrollado desde la década de los sesenta del siglo pasado, aunque se experimentó con ella desde 1930. La Asociación Estadounidense de Danza Te rapia {American Dance Therapy Association, ADTA) la define como un proceso que fomenta el bienestar emocional, cognitivo y físico del individuo, que de ese modo facilita su crecimiento emocional y la integración del cuerpo y la mente.

El mecanismo de esta psicoterapia, adscrita al grupo de las que se definen como Gestalt, es la creación con el movimiento del cuerpo. Al igual que en otras terapias con elementos artísticos, en ésta se pretende que la expresión creativa permita la salida, mejor conocimiento y convivencia con las emociones del individuo, con lo cual se podrá relacionar mejor consigo mismo y con el mundo. La terapia se desarrolla “de manera secuencial y organizada, donde cada fase posee elementos somáticos, fisiológicos y psicosociales interrelacionados, utilizando el inconsciente y el comportamiento consciente almacenados en el cuerpo”, señala Leonardo Sebiani, de la maestría en movimiento del cuerpo, de la Universidad de Costa Rica. El resultado es que el paciente pueda crear una representación visual de su ser físico, que mejore el dominio del ritmo y la coordinación para integrar mejor cuerpo y mente. Así es más fácil abordar ciertos desórdenes, como ansiedad, bulimia, anorexia y mejorar las capacidades para el manejo del cuerpo enfermo, como en el caso del mal de Parkinson, el cáncer, las personas con deficiencias en la capacidad visual o física así como quienes presentan síndrome de Down. “Las sesiones cuentan con un calentamiento, estiramientos, movilización y relajación de tensiones —dice Sebiani— ; se trabaja tanto individualmente como en parejas y grupos”. Esto último favorece sobre todo la solución de problemas de comunicación y ayuda a enfrentar problemas crónicos.

Danza y tratamiento de enfermedades
Muchas enfermedades crónicas o de larga duración requieren físico para mejorar las condiciones de vida del enfermo. Esto se debe a que al ejercitar los
grupos musculares mayores, el metabolismo aeróbico mejora el consumo máximo de oxígeno. Además se eleva la destreza en cuanto al equilibrio, la flexibilidad y la resistencia. La danza, practicada de manera sistemática, puede equipararse con otras formas de en cuanto a su capacidad de elevar y mantener la frecuencia cardiaca recomendada en sesiones de para pacientes con cáncer, fibromialgia y otras enfermedades (sesiones de 20 a 30 minutos de continuo, de tres a cuatro veces por semana, que eleven la frecuencia cardiaca entre 60 y 80%).
Por otra parte, un mejor dominio del cuerpo es fundamental para la mejoría en casos de malestares físicos como el dolor de espalda, que de no atenderse pueden incluso llegar a ser incapacitantes.

Musicoterapia
“El arte ha sido siempre el instrumento más poderoso de que el hombre dispone para profundizar, comprender, refinar, sublimar sus emociones y sentimientos: de ahí el enorme valor educativo y terapéutico del arte para contribuir al equilibrio psíquico del ser humano”, afirma Serafina Poch, doctora en musicoterapia. Según la Federación Mundial de esta especialidad, “musicoterapia es la utilización de la música y/o de sus elementos (sonido, ritmo, melodía y armonía) por un mu sicoterapeuta calificado, con un paciente o grupo, en un proceso destinado a facilitar y promover comunicación, aprendizaje, movilización, expresión, organización u otros objetivos terapéuticos relevantes, a fin de asistir a las necesidades físicas, psíquicas, sociales y cognitivas. La musicoterapia busca descubrir potenciales y/o restituir funciones del individuo para que alcance una mejor organización intra o interpersonal y, consecuentemente, una mejor calidad de vida por medio de la prevención y rehabilitación en un tratamiento”.

La doctora Poch destaca que no cualquier actividad musical es terapéutica, puesto que se requiere del concurso del profesional para obtener los fines de prevención y curación que se persiguen, es decir, debe aplicarse la utilización de la música con un plan definido para lograr ciertos objetivos. Para realizar actividades mu sicoterapéuticas, además de una estrecha colaboración entre el terapeuta y los médicos responsables del caso (el psiquiatra, por ejemplo), se utiliza la música, a través de su escucha o de su interpretación o creación por parte del paciente mismo.
La escucha se enmarca, por lo general, en el modelo conductista, que sostiene que la música en sí es un operador condicionante que refuerza la conducta. El impacto de la experiencia musical es observable y se puede medir, por lo que es posible establecer una relación causa-efecto entre la música y la conducta. En la creación de música por medio de instrumentos o cantando no importa la calidad de la interpretación, sino el uso de la música, como sonidos organizados, para expresar estados emocionales, o bien, para crear estados mentales de percepción alterada que faciliten el acceso a las corrientes más profundas del inconsciente, lo que permite al paciente y al psicoterapeuta un trabajo conectado directamente a la fuente de las emociones del ser humano. Éste es el fundamento de las corrientes conocidas como musicoterapia creativa, modelo GIM (de imágenes guiadas y música), musicoterapia analítica y el llamado modelo Benenzon, desarrollado en Argentina.

MÚSICA PARA RECORDAR
Recientes tratamientos experimentales de la mu sicoterapeuta española Carmen de Fez han demostrado que el uso de la música en vivo ayuda a detener el proceso degenerativo de los enfermos de Alzheimer. Para lograrlo, asiste a sesiones acompañada de un grupo de músicos con grupos de ancianos aquejados de este mal o con secuelas de accidentes cardiovasculares cerebrales -los comúnmente llamados derrames-
Los músicos interpretan canciones que se escuchaban en la infancia y la juventud de los adultos mayores afectados. “Cuando una persona entra en una enfermedad se encuentra en un periodo de falta de ritmo y de armonía. A través de instrumentos musicales pequeños de Orff (el método pedagógico creado por el músico Cari Orff, compositor de “Carmina Burana”, entre otras obras), como son las claves, los panderos o las maracas, hacemos juegos de ritmo. El paciente desarrolla una respuesta de repetición que va poniendo ritmo en su organismo mientras trabaja la psicomotricidad. Empezamos siempre con ritmos naturales del propio cuerpo, por ejemplo, haciendo sonidos con las rodillas y las manos con las sílabas de los días de la semana o los números -dice Fez- Tratamos de que, dentro de lo posible, aprendan y realicen un trabajo cognitivo de desarrollo de la memoria. Que, aunque no mejoren, el proceso degenerativo no empeore. Por eso la clave es que están aprendiendo algo nuevo”.
El repertorio de canciones antiguas debe ser seleccionado con cuidado, porque se corre el riesgo de despertar recuerdos que conduzcan a estados depresivos.


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