Historias Interinas: ¿Dónde está la Fruta?
Había muchos momentos actuando cuando el conserje para mi abuela era una fuente enorme de tensión y frustración. Entonces, había momentos que eran histéricos sólo.
Mi abuela y yo habíamos sido a la tienda de comestibles antes en la semana. Era a principios del verano, así había mucha fruta fresca para elegir de – trajimos a casa un bolso grande de nectarinas, plátanos, manzanas, y más. Recuerdo las nectarinas expresamente, porque comí un en el paseo a casa. ¡Yo no podía esperar!
Unos días más tarde, yo hojeaba por las cocinas, buscando un bocado. La fruta, pensé, sería perfecta. Sano, dulce, rápido, y fácil. Pero cuando fui al canasto de la fruta… era vacío.
¿Dónde tenido el saco enorme de fruta ida?
Pregunté a mi abuela. Ella dijo que debemos haberlo comido. Yo estaba bastante seguro que no habíamos comido todo lo que fruta en sólo unos días – recogimos al menos cinco o seis piezas de cada clase de la fruta. Yo no había comido a ninguno desde aquella nectarina en el coche… y no pensé que mi abuela había comido todo esto ella misma.
La búsqueda comenzó. Comprobé todos los gabinetes donde la comida es almacenada – tal vez la fruta fue puesta en el lugar incorrecto. ¡No!. Comprobé la nevera. Ninguna suerte. Comprobé el armario de pasillo que sirve como una despensa. Ninguna fruta allí, tampoco.
En algún punto, mi madre resultó detenerse brevemente y ella participó en la caza. ¡Ella mencionó que unas semanas antes, ella había encontrado los plátanos guardados en su sitio en la microonda! Ay, la fruta ausente no estaba allí. Comenzamos a comprobar en todas partes y en todas partes. Miré por todas partes del pórtico, dos veces. La fruta no estaba en la arandela. No estaba en el cuarto de baño. No estaba en el armario de abrigo o el ayudante de camerino de mi abuela.
¿Tan dónde el heck era la fruta?
Por mi tercer viaje para comprobar el pórtico, noté una caja de cartón. Encima de la caja era el bolso de veinte libras de la comida para perros para el Alce y Lally. Yo no había mirado en aquella caja aún.
Moví la comida para perros y desplegué la cumbre. Dentro era un montón de toallas. Sólo desde luego me tomé muchas libertades por las toallas… y finalmente encontré la fruta. Cuando mostré a mi mamá y abuela el tesoro yo había encontrado, nos reímos.
Al menos al principio. En algún punto, mi abuela decidió que nos reíamos de ella y nos hicimos excéntricos. ¡” usted no puede esperar hasta que yo esté muerto!” ella gritó en mí.
“Al menos cuando usted está muerto, seré capaz de encontrar la fruta,” grité atrás. Y luego volvimos a risas.
