En los últimos años las palabras “tensión”, “ansiedad” y “estrés” se han incorporado a nuestro lenguaje coloquial para describir ciertos estados inquietantes que padecemos con frecuencia, principalmente quienes vivimos en las grandes ciudades.
La tensión y la ansiedad son mecanismos psicofisiológicos normales que se activan para que nuestro cuerpo y mente estén alertas y así podamos cumplir con nuestras actividades cotidianas; se puede afirmar incluso que las necesitamos para vivir. “Estrés” es un término controversial, pero de manera sencilla lo podríamos definir como un estado de alteración que resulta del desequilibrio entre las demandas del ambiente, ya sean reales o subjetivas, y los recursos con los que contamos para enfrentarlas.
Antes se pensaba que la tensión, la ansiedad y el estrés los padecían exclusivamente los altos ejecutivos y la gente de negocios con grandes responsabilidades; se asociaban a un tipo de trabajo y a un nivel socioeconómico muy alto, pero hoy sabemos que esto no es verdad; todos, desde niños hasta ancianos, ricos y pobres, en algún momento de nuestras vidas tenemos que lidiar con situaciones que nos alteran física y emocionalmente; más aún, es posible que estar estresados y tensos sea ya parte de la vida cotidiana.
Lo alarmante es que el estrés y la ansiedad repercuten en la salud y en la calidad de vida de quienes los padecen y de quienes los rodean, porque una persona que no sabe manejar estas situaciones contamina con su preocupación y su carácter irascible a su familia y a sus compañeros de la escuela o del trabajo.
Se sabe que algunos padecimientos físicos pueden tener un fuerte componente emocional y que quienes sufren enfermedades crónicas experimentan tensión y ansiedad que dificultan el propio proceso de curación.
En algún momento, todos, en situaciones como exámenes escolares, entrevistas de trabajo, crisis económicas, conflictos laborales e interpersonales, ante los problemas cotidianos o simplemente cuando las cosas no salen como queremos, podemos sentir:
Pulso acelerado
Respiración rápida, irregular y superficial.
Músculos contraídos, tensión en los hombros, el cuello y la espalda.
Desasosiego.
Transpiración y calor.
Necesidad frecuente de orinar.
Falta de coordinación.
Boca seca, sed.
Fatiga o falta de energía.
Dolores de cabeza.
Sensación de malestar o pesadez.
Trastornos estomacales o falta de apetito.
Sueño irregular.
Erupciones en la piel.
Entre otros, estos son síntomas de estrés, y generalmente, como afirma la doctora Érika Cabrera, psicóloga especializada en psicofisiología (disciplina que estudia la biología de la conducta y de los procesos psicológicos) y en neurofeedbac (tratamiento que permite desarrollar estrategias para modificar y entrenar la actividad cerebral), van acompañados por emociones negativas, tales como autor reprobación, exageración, angustia estéril, aflicción, irritabilidad, temor, aversión o disgusto, timidez, depresión, apatía, desesperanza, culpabilidad y frustración.
¿A quienes sirven las técnicas de relajación?
La doctora Érika Cabrera trabaja con pacientes que intentan manejar la ansiedad y el estrés por medio de terapias que involucran el cuerpo. Y aunque coordina su labor con un grupo de colegas y psiquiatras, resulta interesante que muchos de sus pacientes sean, a su vez, derivados por otros médicos, como dermatólogos (especialistas en padecimientos de la piel) y gastroenterólogos (especialistas en cuestiones gástricas), que después de haber descartado o tratado el origen físico de las enfermedades, buscan que sus pacientes aprendan técnicas de relajación para manejar sus niveles de tensión, de ansiedad y de estrés. Otro grupo importante de sus pacientes sufre trastornos diversos, que van desde los obsesivo compulsivos hasta la bulimia y la anorexia, además de niños con déficit de atención. Las técnicas de relajación también pueden ayudar a quien está a punto de dejar un tratamiento con ansiolíticos y se enfrenta al temor de vivir sin medicamentos.
¿Cuales son las técnicas de relajación?
La experiencia me ha llevado a reducir las técnicas y sobre todo a adaptarlas a cada paciente —nos explica la doctora—. Por ejemplo, las más conocidas son las de Edmund Jacobson, el padre de la relajación muscular; sin embargo, su método es muy complejo y se necesitan alrededor de 55 sesiones para sentir un efecto verdadero en el cuerpo. A mí me queda claro que mientas más se practiquen, mejor, pero es muy difícil que alguien acepte tomar tantas sesiones, porque la respuesta obvia es que no tiene tiempo ni dinero, independientemente de que estamos hablando de una persona que por lo general está inquieta, intranquila, siempre con el reloj en la mano, y decirle que se va a sentar y a tomar el tiempo necesario para hacer una larga serie de ejercicios, resulta más que complicado.
Pero una técnica sencilla que uno mismo puede hacer por su cuenta es la que trabaja siete grupos musculares, con lo que se consigue relajar todo el cuerpo y que se conoce como ‘relajación muscular progresiva’, además de la respiración diafragmática o profunda. Si las técnicas de relajación formaran parte de los conocimientos que nos enseñan en la escuela tendríamos una sociedad más tranquila y agradable.
¿Que es la relajación muscular progresiva?
Es una técnica de relajación que se basa en los principios de Jacobson, quien descubrió que la tensión y la relajación sistemática de varios grupos de músculos permite eliminar casi por completo las contracturas musculares, así como experimentar una sensación de relajación profunda. Si bien está especialmente indicada en los trastornos de tipo psicosomático, como hábito psicoprofiláctico o de prevención, se puede recomendar prácticamente a todo el mundo para enfrentar las situaciones estresantes de la vida cotidiana.
¿Para qué sirve es técnica?
El principal objetivo es que la persona sea capaz de producir en sí misma estados de baja activación del sistema nervioso autónomo, que es el que transmite los impulsos del sistema nervioso central hacia los órganos periféricos. Controla la frecuencia cardiaca y la fuerza de contracción y dilatación de los vasos sanguíneos, la contracción y relajación del músculo liso de varios órganos, el ajuste visual, el tamaño de la pupila, la secreción de las glándulas exocrinas y endocrinas, y funciones tan importantes como la digestión, la circulación sanguínea, la respiración y el metabolismo. Los estados de baja activación se logran al establecer ciertas actitudes y pensamientos, lo que repercute en un mayor control de las conductas emocionales, psicológicas e intelectuales.
¿Que es la respiración diafragmática o profunda?
La respiración es una de las mejores estrategias para hacer frente a las situaciones de estrés. Lo más común es que respiremos mal, pues no usamos toda la capacidad de nuestros pulmones. El objetivo es facilitar el control voluntario de la respiración y automatizarlo para poder mantenerlo en casos de angustia o de estrés.
Ventajas de la relajación
Aunque la relajación no sustituye a ningún tratamiento o prescripción médica, en el nivel físico los beneficios de la relajación consciente, comprobados de forma científica, son los siguientes:
• Disminución de la presión arterial y del ritmo cardiaco.
• Incremento del nivel de oxígeno en el cerebro y en las células.
• Menor tensión muscular.
• Niveles más bajos de secreción de adrenalina y noradrenalina.
• Reducción del colesterol y de las grasas en la sangre.
• Mayor producción de leucocitos, que refuerzan el sistema inmunológico.
Otras ventajas serían, desde luego, estar preparados para hacer frente a las situaciones que producen estrés, tensión y ansiedad, recuperarse del estrés que conllevan ciertas actividades, reducir el desgaste laboral, el dolor, dormir mejor, un mejor desempeño en los deportes, la escuela y el trabajo, enriquecerse por medio de una actividad placentera y el crecimiento espiritual.
En este sentido, la doctora dice que es frecuente que los pacientes se alarmen cuando les pide que parte de su tiempo lo dediquen a distracciones que pueden considerarse banales, como ver la televisión, leer una revista intrascendente, escuchar música, tomar un descanso, salir de paseo con los amigos. “Sorprende la culpa que puede despertar el autocuidado”, agrega la doctora Cabrera, pero es importante que así como velamos por nuestro trabajo y nuestras responsabilidades, nos demos un tiempo para descansar y relajarnos; de lo contrario, tarde o temprano el cuerpo reclamará nuestra atención con dolores, tensiones musculares, erupciones en la piel, insomnio, irritabilidad, etcétera. Parecería que entre cuerpo y mente hubiera una distancia enorme que nosotros mismos nos encargamos de incrementar. Indicadores tales como el hambre o la saciedad, que son francamente elementales, se van perdiendo y nos desconectamos de ellos quizá como resultado de que de niños nos dicen que hay que dejar el plato limpio, pero si observamos a un bebé, él come sólo lo que su cuerpo demanda, y ejemplos como este hay muchos.
“Al practicar las técnicas de relajación algunos pacientes se marean, se sienten extraños, a otros les parece que levitan, en fin, son sensaciones físicas que a veces los asustan, pero se trata simplemente de tomar conciencia y el control de nuestro cuerpo”, aclara la doctora.
Contraindicaciones
Si bien para la gran mayoría de las personas la autor relajación es benéfica y segura, conviene tener la autorización del médico para practicarla si está en el tercer trimestre de embarazo, o si tiene, o tuvo alguno de estos padecimientos:
• Accidentes cardiovasculares
• Ataques isquémicos pasajeros
• Depresión severa
• Desmayos
• Diabetes
• Dolores de espalda crónicos
• Enfermedades coronarias
• Glaucoma
• Hipertensión
• Hipoglucemia
• Trastornos tiroideos
• Cualquier problema reciente o serio que haya afectado huesos, ligamentos o músculos
Si lo que quiere es aplicar las técnicas de relajación para aliviar un dolor físico, es importante que antes el médico determine las causas del dolor y la conveniencia de hacer o no los ejercicios. Si durante la práctica los síntomas empeoran, suspéndala inmediatamente y consulte al médico.
Hay muchas técnicas de relajación, algunas de ellas se adaptarán mejor a su estilo de vida, ideas y necesidades específicas, pero lo más importante es que sea constante y que se dé la oportunidad de experimentar sus beneficios. Si logra incorporar esta o cualquier otra técnica a su vida cotidiana, seguramente estará mejor preparado para enfrentar aquellas situaciones que le provocan inquietud.
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