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Las verdaderas causas del consumo de drogas

Noviembre 27th, 2009 by admin | Comentarios desactivados | Filed in General

Benito Juárez

Todo padre de familia pierde la tranquilidad ante la posibilidad de que sus hijos niños o adolescentes den algún paso en dirección al mundo de las drogas. En los últimos años la disponibilidad de drogas en México se ha modificado de tal manera que autoridades y ciudadanos han lanzado señales de alarma y se han diseñado programas y acciones para, cuando menos, ponerle límite.

Aunque muchas personas tienen la idea de que la pobreza es un factor determinante para el consumo de drogas, especialmente de las conocidas como inhalables (cemento, solventes, aerosoles), en realidad el consumo precoz de drogas más bien se vincula con la marginación. Puesto que la adolescencia es una etapa en la cual los jóvenes tienden a sentir que no encajan, que son marginados, es sencillo que las drogas despierten su curiosidad.

El problema, sin embargo, no es de experimentación, sino una combinación de factores de riesgo aunada a un incremento en la oferta de drogas ilegales y una disminución de los precios.

Manos a la obra

De acuerdo con la recomendación del psicólogo Manuel Castillo Ruiz, director del Centro de Integración Juvenil Benito Juárez, los padres pueden hacer mucho por alejar a sus hijos de las adicciones. Deben empezar por conocer las distintas fases de desarrollo de sus hijos —de modo que puedan, por ejemplo, distinguir entre el posible efecto de una sustancia tóxica y la apatía o la euforia que con frecuencia manifiestan los adolescentes—, fortalecer los lazos familiares y proveer a los jóvenes de herramientas para defenderse con éxito de la tentación, la curiosidad o la presión en torno al uso de drogas.

El especialista afirma que los padres de los adolescentes de hoy pertenecen a una generación que fue educada para obedecer; como reacción, al convertirse en padres se han esforzado por ser amigos de sus hijos para mantenerse alejados de una postura autoritaria. “El problema es que esta generación, que antes obedecía a sus padres sin protestar ni cuestionar, hoy sigue obedeciendo… a sus hijos”.

Si el papel de los padres es el de guías, educadores, también pueden compartir muchas cosas, desde juegos hasta expresiones de afecto, pero nada es más efectivo para alejar a los chicos de las drogas que la firmeza de los padres: la percepción de que en ese aspecto no encontrarán más que “cero tolerancia”. Sin embargo, los adultos tampoco deben ser tan rígidos y atemorizantes que los niños perciban que se trata de un tema tabú sobre el cual no se puede hablar. Se trata de un delicado esfuerzo de atención constante, observación y cercanía que se debe aprender sobre la marcha y cuyas exigencias cambian continuamente.

Dónde empiezan los problemas

En los adolescentes, consumir alcohol y tabaco puede incidir en querer probar otro tipo de drogas. Los especialistas señalan que quienes adquieren el hábito de fumar tabaco o beber alcohol a edades tempranas tienen mayores probabilidades de usar otras drogas.

En nuestro país la mayoría de los alcohólicos comenzaron a beber antes de cumplir los 18 años, y la edad en que más personas empiezan a fumar es entre los 13 y 14 años. De acuerdo con las estadísticas, aquellos que consumen alcohol antes de cumplir 15 años corren mayor riesgo de acercarse a otro tipo de droga. Por tal razón y pese a ser “legales”, el alcohol y el tabaco se consideran drogas “de entrada” o “de inicio”.

De acuerdo con los testimonios de los consumidores, los lugares donde las drogas se pueden conseguir con facilidad son la escuela, con los amigos, en las fiestas y en las discotecas. El consumo de drogas es muy frecuente en los deportivos, los bares, los antros, las cantinas y las vecindades.

De una encuesta nacional con estudiantes se desprende que los adolescentes tienen acceso a alucinógenos e inhalables con mayor frecuencia en su propia casa o la de alguien conocido; en segundo término está la escuela. Entre 10 y 14% de los encuestados declaró haber adquirido marihuana, cocaína, inhalables o heroína en el plantel escolar.

Los chicos deben saber que el consumo de drogas, aunque sólo sea “para probar”, es sumamente peligroso y sí hace daño a su salud física y mental, además de que altera su forma de relacionarse con otras personas y con su entorno. Una sola dosis de cualquier droga puede ocasionar un ataque al corazón, convulsiones, ataque de pánico, insuficiencia respiratoria, shock anafiláctico y otros severos efectos en su organismo.

Existe la creencia equivocada de que inhalar thinner o cemento produce efectos tan rápidos que no da tiempo de que se dañe el organismo; sin embargo, los vapores de estas sustancias toman el lugar del oxígeno en cuestión de segundos, y al circular por todo el cuerpo pueden causar un ataque cardiaco o muerte por sofocación. Para estar expuesto a eso no se necesita ser adicto.

Ahora bien, el consumo habitual de inhalables daña el nervio óptico y lesiona el oído, tanto en lo que se refiere al sistema de audición como al del equilibrio, lo cual impide caminar con estabilidad; además, ocasiona la pérdida progresiva de las principales funciones intelectuales: pensamiento, memoria, aprendizaje, etcétera.

Conocer los efectos de las diversas drogas a las que pueden tener acceso niños y adolescentes puede facilitar la detección de algún problema desde sus inicios. Para ello son muy útiles los materiales de los Centros de Integración Juvenil (CIJ) en cuyas sedes se puede solicitar consulta, bibliografía y asesoría; además ofrecen libros sobre el tema en su página de Internet, los cuales se pueden descargar sin costo: www.cij .gob.mx.

Las estadísticas y los adolescentes

La Encuesta Nacional de Adicciones de 1998 señaló que en México las drogas de mayor consumo eran el alcohol (58.5% de los encuestados) y el tabaco (27.7%), seguidos de marihuana (4.7%), cocaína (1.4%) e inhalables (0.8%). Los estudios sobre el tema indican que en los años recientes el uso de la cocaína se ha extendido hasta el punto de ocupar el primer lugar de las drogas ilegales, por encima de la marihuana. Está por realizarse la Encuesta Nacional de Adicciones 2007 para conocer la situación que prevalece en todo el país.

Los adolescentes forman el grupo poblacional que más drogas consume, pues enfrentan cambios emocionales, psicológicos y físicos que resulta complicado asimilar: derrochan energía, quieren probar sus capacidades, desean sacudirse las figuras de autoridad, explorar el mundo, pertenecer a un grupo y hallar su identidad. Por eso no es raro que el acercamiento a las drogas ocurra en esta etapa. Sin embargo, apunta Manuel Castillo, “si la familia le inculcó al niño desde pequeño la noción de que debe mantenerse lejos de ellas —por ejemplo, prohibiéndole tocar las sustancias tóxicas o potencialmente dañinas del hogar, como limpiadores y solventes, y explicándole por qué no debe hacerlo—, al llegar a la adolescencia tendrá lineamientos claros”. Así, los padres pueden trabajar desde las etapas más tempranas para evitar al máximo los factores de riesgo.

Factores de riesgo

Si bien algunos grupos de población son más vulnerables que otros porque están más expuestos a situaciones riesgosas (como violencia, abuso sexual o carencias afectivas y materiales), toda la población puede padecer más de uno de los factores de riesgo. Un claro ejemplo son los niños de la calle, para quienes las drogas especialmente los inhalables— constituyen una “vía de escape” de la realidad que enfrentan. Estos son los principales factores de riesgo:

Personales: relacionados con el carácter y el comportamiento de la persona: baja percepción de riesgo; conductas agresivas; depresión y ansiedad; dificultad para establecer relaciones interpersonales; dificultades académicas en la escuela.

Familiares: reglas familiares poco claras; falta de disciplina; conflictos familiares; vínculos débiles entre padres e hijos; padres y/o hermanos consumidores de drogas, violencia doméstica.

Sociales: referidos a los ámbitos en que se desenvuelve una persona: exposición a situaciones de violencia (física o psicológica); exposición a situaciones de corrupción e injusticia; disponibilidad de drogas.

Aun cuando la familia no se parezca al modelo tradicional, integrado por el padre, la madre y los hijos, para minimizar el riesgo de que los miembros más jóvenes se acerquen a las drogas es necesario mantener la unión y establecer lazos fuertes, amorosos y respetuosos; establecer y cumplir normas claras, vigilar el desempeño escolar y las amistades que ahí se establecen, favorecer una comunicación adecuada, constante; aprender a manejar el estrés proponiendo formas de distracción sanas, como juegos o deportes, y aprender a analizar las situaciones conflictivas y angustiantes para poder encararlas.

Al respecto, Manuel Castillo señala que las sociedades urbanas han acumulado factores de estrés, pero aún no se generaliza la práctica de técnicas que ayudan a manejarlo. “Es mucho más fácil acudir a un especialista para recibir orientación que enfrentar el estrés sin herramientas. La recomendación es acudir con un psicólogo, psicoanalista, psiquiatra, médico, sacerdote; el caso es resolverlo”. Los padres podrían entonces enseñar a los niños desde pequeños a respirar profundo y a tomar un momento para reflexionar acerca de lo que les angustia y cómo enfrentarlo. Parte fundamental del manejo del estrés es aprender a pedir ayuda.

Es posible protegerlos

¿Se puede proteger a los niños y adolescentes de las adicciones? Sí: tal como existen factores de riesgo, hay nociones que pueden modificar la forma en que los jóvenes perciben su entorno y su propia persona, de modo que las drogas no representen una opción. Los especialistas los llaman factores de protección; mientras más se conjunten, más improbable será que los jóvenes opten por las drogas o mejores pronósticos tendrán al enfrentar situaciones de riesgo.

Los factores de protección suelen estar combinados, y se pueden construir desde que los hijos son pequeños:

Autoestima. Las personas que tienen una autoestima sólida se sienten más seguras de sus acciones y son menos vulnerables a las presiones e influencias de grupos sociales. Los padres la favorecen al destacar y elogiar los aciertos de sus hijos, incitarlos a superarse y a aprender de sus desaciertos. Apego escolar. Cuando hay interés por los estudios hay más confianza en la capacidad de decidir sobre el futuro. Con frecuencia hay metas a mediano y largo plazos, y en el entorno escolar se pueden adquirir valores como tolerancia, solidaridad y compañerismo. Además, los maestros y autoridades suelen dispensar atención especial a los buenos alumnos, así que sus acciones no pasan inadvertidas.

Comunicación familiar. Los miembros de la familia escuchan y son escuchados. El diálogo constructivo fortalece los lazos de afecto y favorece la autoestima y la retroalimentación.

Relaciones familiares favorables. Cuando padres e hijos interactúan con base en vínculos positivos: amor, respeto, confianza, seguridad, es posible hablar acerca de las situaciones negativas a las que los chicos pueden enfrentarse y sugerir formas de salir airosos.

Planear el futuro. Tener una meta en la vida y objetivos a corto, mediano y largo plazos permite que los niños y los jóvenes encuentren sentido a su existencia.

Independientemente del entorno social o económico, los niños y los jóvenes son susceptibles de padecer presiones muy fuertes; podrán resistirlas si la familia les deja claro que dentro de ese núcleo no sólo gozan de seguridad, sino que son queridos por ser quiénes son y no por lo que hacen.

La drogadicción es una enfermedad porque:

Afecta directamente la salud física y mental de las personas.

Genera daños orgánicos muchas veces irreversibles.

Empeora la calidad de vida.

Incrementa el riesgo de tener accidentes.

La drogadicción es un problema social porque:

Limita el desarrollo de metas personales y profesionales.

Dificulta las relaciones interpersonales saludables.

Incrementa el riesgo de cometer actos

delictivos.

Limita la productividad.

Clasificación de las drogas de acuerdo con sus efectos

los años recientes el uso de la cocaína se ha extendido hasta el punto de ocupar el primer lugar de las drogas ilegales, por encima de la marihuana. Está por realizarse la Encuesta Nacional de Adicciones 2007 para conocer la situación que prevalece en todo el país.

Los adolescentes forman el grupo poblacional que más drogas consume, pues enfrentan cambios emocionales, psicológicos y físicos que resulta complicado asimilar: derrochan energía, quieren probar sus capacidades, desean sacudirse las figuras de autoridad, explorar el mundo, pertenecer a un grupo y hallar su identidad. Por eso no es raro que el acercamiento a las drogas ocurra en esta etapa. Sin embargo, apunta Manuel Castillo, “si la familia le inculcó al niño desde pequeño la noción de que debe mantenerse lejos de ellas —por ejemplo, prohibiéndole tocar las sustancias tóxicas o potencialmente dañinas del hogar, como limpiadores y solventes, y explicándole por qué no debe hacerlo—, al llegar a la adolescencia tendrá lineamientos claros”. Así, los padres pueden trabajar desde las etapas más tempranas para evitar al máximo los factores de riesgo.

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